El problema de la ruta más corta
A través del ensayo fotográfico Gonzalo Vargas (Quito, 1976) ha repasado célebres travesías vinculadas al territorio americano. Mayormente enfocado en la figura del explorador y las diversas razones de sus prospecciones, ya sea por motivación científica (como Darwin), o artística (como Troya, Salas o Church), su trabajo ilumina también la problemática contracara de aquellos viajes de descubrimiento. El perfil decolonial en su obra, lejos de ser una evidente o desgastada cantaleta discursiva, se encuentra atravesado por un aliento investigativo que resulta más poético que político.
Sus imágenes fotográficas han transmitido el asombro del encuentro, el embeleso de la primera mirada, pero al estar tamizadas por la experiencia crítica de las perspectivas contemporáneas se cargan también de suspicacia y lecturas críticas que desdoblan sus significados. Tal vez esa atracción particular por la exploración territorial como impulso innato del ser humano ya se manifestaba cuando en sus inicios escogió la carrera de Geografía. Esta temprana filiación, abandonada luego del primer año de estudios, parece haber prosperado de otras maneras cuando optó después por la carrera de Diseño y finalmente la de Arte. Un dato adicional sobre Vargas, para nada fortuito, es que su abuelo materno fue marino y su abuelo paterno fue fotógrafo aéreo del Instituto Geográfico Militar, lo que configura todo un universo de impresiones tempranas no solo sobre la utilidad de las imágenes de reconocimiento, sino sobre su relación con la tecnología, las ciencias de la Tierra, y las consecuencias económicas y culturales de su difusión.
En cada una de sus últimas muestras el artista ha acompañado sus fotografías con obras basadas en la interpretación visual de datos, como animaciones digitales que demuestran su atracción por las herramientas de reconocimiento más avanzadas (como el GIS - Sistema de Información Geográfica), o pequeñas esculturas de volcanes en bronce derivadas de aquellos. En esta exposición lleva estas inquietudes aún más lejos para –sorpresivamente– abandonar por completo el uso de la cámara. Además, deja de enfocarse en una expedición o geografía particular para meditar alrededor del móvil exploratorio en sí, centrándose en el más primordial de los sistemas de orientación: los astros.
En El problema de la ruta más corta Vargas desarrolla un conjunto de obras enfocado en la representación especulativa, en diversos medios, de las 57 estrellas empleadas para la navegación. Sin estas no se habría desarrollado la cartografía y, en resumen, sin su conocimiento, no se hubiese llegado a la Era de los Descubrimientos. Para este propósito el artista ha procurado un diálogo que conecta tiempos históricos distintos: desarrolló complejos poliedros modelados en ordenador para luego darles forma con medios artísticos tradicionales ligados al pasado.
El conjunto completo de los renders de estas “estrellas” se reúne en 4 impresiones Gliclée de gran formato tituladas El mundo de arriba, que simulan la estética de las ilustraciones científicas del s.XIX. Otras 7 serígrafias en fondo negro y tinta plata muestran en detalle una estrella en cada una. De este mismo juego de inventiva surge Las cuatro partes del mundo, una instalación conformada por 10 de estos objetos fundidos en bronce que reposan sobre sendas bases de madera, las cuales a su vez delinean volúmenes geométricos de diverso tamaño.
Esta suerte de ciclo estelar se apuntala con lo que se puede interpretar como dos murales confrontados: en uno se representa la constelación Orión con luceros fundidos en bronce sobre un fondo azul (un guiño a las bóvedas estrelladas que se encuentran en cierta arquitectura clásica), y en el otro –al extremo opuesto de la sala, como observando a la distancia– un modelado en escala natural del ojo del artista. Vargas está pensando particularmente en la mirada renacentista, presentando aquel ojo como un símil de la humanidad entera, atravesado por el pensamiento del hombre moderno ligado a ese momento histórico donde la expansión territorial que derivó en los imperios europeos se encuentra, inextricablemente, asociado al conocimiento que permite trazar vectores para la navegación a partir de las estrellas.
La fascinación que han ejercido las estrellas se remonta, por supuesto, a tiempos muy anteriores. A lo largo de la historia han sido relacionadas a la divinidad; así fue para griegos y romanos, quienes derivaron asociaciones de las religiones de Persia y Babilonia. Las referencias en las imágenes cristianas también son múltiples. Incluso, en tanto sistema de navegación, tal vez la Estrella de Belén sea hasta hoy la más célebre dentro de un relato literario.
También, por su puesto, las representaciones que ha perseguido el artista se inscriben en un dilatado linaje iconográfico. Si bien el uso de poliedros para imaginar los astros parte desde Platón, la indagación de Vargas remitirá a algunos al rhombicuboctahedron de Leonardo que apareció por primera vez en la Divina proportione (1509) de Pacioli, ilustrando el límite del conocimiento y las herramientas de su tiempo, o tal vez a la jaula compuesta de tres octaedros que aparece en el grabado titulado Estrellas (1948) de M.C. Escher, un creador interesado tanto por la geometría como por la astronomía. El ejercicio que este último ejecuta en el grabado Estudio para estrellas (1948), compuesto por múltiples variantes de poliedros, traza además un interesante paralelo a las láminas de Vargas, donde la complejidad que este último ha conseguido en algunos de los poliedros, con sus confusos y hasta caóticos patrones, desafían la geometría euclidiana y los convierten en “objetos imposibles”, ya que su concreción en las tres dimensiones conocidas no se puede dar.
En suma, si bien el trabajo reciente de Gonzalo Vargas puede asociarse a lo que hoy se conoce como “research-based art” (cuyo sustrato intelectual se informa y se cuece en el ámbito de los programas académicos actuales), basta repasar el catálogo de esta exposición para entender cómo sus minuciosos careos alrededor del tema que lo ocupa derivan afortunadamente en un seductor y subjetivo ejercicio de inventiva y especulación formal. Sus apuntes reúnen diversa información que luego se reempaca, orientada a producir otras formas de acercarse al conocimiento a través de una síntesis interpretativa, de una compactación semiótica donde la investigación realizada se estetiza –seduce y cautiva–, y al hacerlo excede lo meramente informativo.
El proyecto de Vargas puede –inclusive– enfocarse como uno orientado hacia la abstracción, no sólo geométrica (tal cual se puede inferir del modelado de sus estrellas), sino conceptual: al alejarse del detalle anecdótico de travesías específicas que ha perseguido anteriormente, aborda ahora la idea de la exploración de una manera indeterminada, abreviandola simbólicamente en los cuerpos celestes que sirvieron como guías fundamentales en el afán de descubrimiento. El resultado es un conjunto de elegantes elementos, tamizados por un amplio arco de tecnologías de representación (desde lo digital hasta lo “obsoleto” y análogo), que actúan como guiños a los procesos históricos y culturales que han dado forma a nuestro presente.
Rodolfo Kronfle Chambers
Curador
22 marzo 2023
The Problem of the Shortest Route
Through the photographic essay, Gonzalo Vargas (Quito, 1976) has revisited celebrated journeys linked to the American territory. Mostly focused on the figure of the explorer and the various motives behind their surveys—whether scientific (as in Darwin) or artistic (as in Troya, Salas, or Church)—his work also illuminates the troubling underside of those voyages of discovery. The decolonial profile of his practice, far from becoming an obvious or worn-out discursive refrain, is sustained by a research-driven impulse that feels more poetic than political.
His photographs convey the astonishment of encounter, the enchantment of first sight, yet—filtered through the critical experience of contemporary perspectives—they also carry suspicion and layered readings that unfold their meanings. Perhaps this particular attraction to territorial exploration as an innate human impulse was already present when, early on, he chose to study Geography. That initial affiliation, abandoned after the first year, seems to have resurfaced in other ways when he later pursued Design and, finally, Art. Another detail about Vargas—hardly accidental—is that his maternal grandfather was a sailor and his paternal grandfather an aerial photographer for the Military Geographic Institute, shaping an early universe of impressions not only about the usefulness of reconnaissance images, but also about their relationship to technology, the Earth sciences, and the economic and cultural consequences of their circulation.
In each of his most recent exhibitions, the artist has accompanied his photographs with works based on the visual interpretation of data, such as digital animations that reveal his attraction to advanced recognition tools (like GIS—Geographic Information Systems), or small bronze volcano sculptures derived from them. In this exhibition, he takes these concerns even further by—surprisingly—abandoning the camera entirely. He also stops focusing on a particular expedition or geography in order to meditate on the exploratory impulse itself, centering on the most primordial orientation system: the stars.
In The Problem of the Shortest Route, Vargas develops a body of work focused on the speculative representation—across diverse media—of the 57 stars used for navigation. Without them, cartography would not have developed and, in short, without this knowledge, the Age of Discovery would not have been possible. For this purpose, the artist establishes a dialogue that connects different historical times: he creates complex polyhedra modeled on the computer and then gives them form through traditional artistic means linked to the past.
The complete set of renders of these “stars” is gathered in four large-format giclée prints titled The World Above, which emulate the aesthetics of 19th-century scientific illustration. Another seven silkscreens, on black ground with silver ink, show a single star in detail. From this same inventive system emerges The Four Parts of the World, an installation composed of ten of these objects cast in bronze, resting on individual wooden bases that in turn outline geometric volumes of different sizes.
This kind of stellar cycle is reinforced by what can be read as two confronting murals: on one wall, the constellation Orion appears with bronze-cast stars over a blue background (a nod to the starry vaults found in certain classical architectures); on the other—at the far end of the gallery, as if observing from a distance—a life-scale model of the artist’s eye. Vargas is thinking specifically about the Renaissance gaze, presenting that eye as a stand-in for humanity itself, traversed by the modern mindset rooted in that historical moment when territorial expansion—leading to European empires—became inextricably bound to the knowledge that allows one to trace vectors for navigation from the stars.
The fascination exerted by the stars dates back, of course, to far earlier times. Throughout history they have been associated with divinity; this was true for Greeks and Romans, who drew on associations from the religions of Persia and Babylon. References in Christian imagery are also multiple. Even within navigation lore, the Star of Bethlehem remains perhaps the most famous within a literary narrative.
The representations pursued by the artist also belong to a long iconographic lineage. While the use of polyhedra to imagine the heavens begins with Plato, Vargas’s inquiry may bring to mind Leonardo’s rhombicuboctahedron—first appearing in Pacioli’s Divina proportione (1509), marking the limits of knowledge and the tools of its time—or perhaps the cage composed of three octahedra in M. C. Escher’s print Stars (1948), by a creator as interested in geometry as in astronomy. Escher’s Study for Stars (1948), composed of multiple polyhedral variants, also draws an intriguing parallel with Vargas’s plates, where the complexity he achieves in certain polyhedra—with their confusing, even chaotic patterns—challenges Euclidean geometry and turns them into “impossible objects,” since their realization in the three dimensions we know cannot fully occur.
In sum, while Gonzalo Vargas’s recent work can be associated with what is now known as “research-based art” (whose intellectual substrate is informed and developed within today’s academic programs), it is enough to review this exhibition’s catalogue to see how his meticulous confrontations with his subject ultimately yield a seductive and subjective exercise in inventiveness and formal speculation. His notes bring together diverse information that is then repackaged to produce other ways of approaching knowledge through interpretive synthesis—through a semiotic compression in which research becomes aestheticized, seducing and captivating, and in doing so exceeding the merely informative.
Vargas’s project can even be understood as oriented toward abstraction—not only geometric (as can be inferred from his star modeling), but conceptual as well. By moving away from the anecdotal detail of specific journeys he has pursued before, he now addresses exploration as an indeterminate idea, symbolically condensed into the celestial bodies that served as fundamental guides in the drive to discover. The result is a set of elegant elements, filtered through a broad arc of representational technologies (from digital to “obsolete” and analog), that function as nods to the historical and cultural processes that have shaped our present.
Rodolfo Kronfle Chambers.
Curator
March, 2023.
VIdeo entrevista sobre la obra realizada por la galería N24, Quito. 2025.
Video interview about the work, produced by Galería N24, Quito, 2025.
Vistas de sala en N24 galería de arte, mayo 2023.
7 serigrafías sobre papel FAVINI de 250gr con tinta plata / base agua. 50 cm x 35 cm. Ed. 30
El mundo de arriba I, II, III y IV. Impresión Giclée sobre papel fotográfico. 100 cm x83,34 cm. Ed. 3 + 1PA.
Las cuatro partes del mundo, instalación de esculturas de bronce sobre madera de pino.
Dimensiones variables.
Las cuatro partes del mundo, Arcturus (146 ̊̊ , N19 ̊̊ ).
Bronce sobre base de madera de pino.
15 cm x 15 x 15 cm
Ed. 1 + 1PA
Las cuatro partes del mundo, Pollux (244, N28).
Bronce sobre base de madera de pino.
15 cm x 15 x 15 cm
Ed. 1 + 1PA
Las cuatro partes del mundo, Bellatrix (279̊ , N6 ̊̊ ).
Bronce sobre base de madera de pino.
15 cm x 15 x 15 cm
Ed. 1 + 1PA
Las cuatro partes del mundo, Rigel (282 ̊̊ , S8 ̊̊ ).
Bronce sobre base de madera de pino.
15 cm x 15 x 15 cm
Ed. 1 + 1PA
Las cuatro partes del mundo, Aldebarán (291 ̊̊ , N16 ̊̊ ).
Bronce sobre base de madera de pino.
15 cm x 15 x 15 cm
Ed. 1 + 1PA
Las cuatro partes del mundo, Antares (113 ̊̊ , S26 ̊̊ ).
Bronce sobre base de madera de pino.
15 cm x 15 x 15 cm
Ed. 1 + 1PA
Las cuatro partes del mundo, Sirius (259 ̊̊ , S17 ̊̊ ).
Bronce sobre base de madera de pino.
15 cm x 15 x 15 cm
Ed. 1 + 1PA
Las cuatro partes del mundo, Enif (34 ̊̊ , N10 ̊̊ ).
Bronce sobre base de madera de pino.
15 cm x 15 x 15 cm
Ed. 1 + 1PA
Las cuatro partes del mundo, Vega (81 ̊̊ , N39 ̊̊ ).
Bronce sobre base de madera de pino.
15 cm x 15 x 15 cm
Ed. 1 + 1PA
Las cuatro partes del mundo, Alpheratz (358 ̊̊ , N29 ̊̊ )
Bronce sobre base de madera de pino.
15 cm x 15 x 15 cm
Ed. 1 + 1PA
Odiseo. 1 pieza de bronce. 11 cm x 9cm x 2 cm. Ed. 1 + 1PA
Orión. 17 piezas de bronce.11 cm x11.5 cm x5 mm. Ed. 1 + 1PA
Créditos:
Conceptualización, diseño obras y producción: Gonzalo Vargas M.
Curaduría: Rodolfo Kronfle Ch.
Fundición piezas bronce: Danilo Zamora
Asistente de investigación: Francesca Fruci
Ilustración para serigrafías y afiche: Francisco Galarraga
Carpintería: Wilson Simbaña
Diseño gráfico: Adrián Balseca
Curaduría: Rodolfo Kronfle Ch.
Fundición piezas bronce: Danilo Zamora
Asistente de investigación: Francesca Fruci
Ilustración para serigrafías y afiche: Francisco Galarraga
Carpintería: Wilson Simbaña
Diseño gráfico: Adrián Balseca
El problema de la ruta más corta fue realizado gracias al auspicio de los fondos de investigación Mycelium PUCE 2022 – 2023.
Credits
Concept, work design, and production: Gonzalo Vargas M.
Curatorship: Rodolfo Kronfle Ch.
Bronze casting: Danilo Zamora
Research assistant: Francesca Fruci
Illustration for silkscreens and poster: Francisco Galarraga
Woodworking: Wilson Simbaña
Graphic design: Adrián Balseca
The Problem of the Shortest Route was made possible thanks to support from the Mycelium PUCE Research Funds (2022–2023).